martes, 16 de marzo de 2021

EL NIÑO YUNTERO

Esta poesía de Miguel Hernández la conozco desde que estudiaba en la escuela Normal; y me daba un poco la idea de lo que es el trabajo del docente (de lo que era mi trabajo en el aula) les comparto para que la aprendan y sea una guía más para su vida como docentes. Cuando en aquella época mi familia se mantenía de la venta de periódicos y revistas; me entretenía leyendo los libros de la biblioteca Salvat; mientras estaba en el puesto de ventas me ponía a leer libros, revistas y periódicos. Fue entonces cuando encontré una edición de poesías de varios poetas españoles. EL NIÑO YUNTERO Joan Manuel Serrat Carne de yugo, ha nacido Más humillado que bello, Con el cuello perseguido Por el yugo para el cuello. Nace, como la herramienta A los golpes destinado, De una tierra descontenta Y un insatisfecho arado. Entre estiércol puro y vivo De vacas, trae a la vida Un alma color de olivo Vieja y ya encallecida. Empieza a vivir, y empieza A morir de punta a punta, Levantando la corteza De su madre con la yunta. Empieza a sentir, y siente La vida como una guerra, Y a dar fatigosamente En los huesos de la tierra. Contar sus años no sabe Y ya sabe que el sudor Es una corona grave De sal para el labrador. Trabaja y mientras trabaja Masculinamente serio, Se unge de lluvias y se alhaja De carne de cementerio. A fuerza de golpes, fuerte, https://www.youtube.com/watch?v=YW-XQVP5mO4 EL NIÑO YUNTERO MIGUEL HERNANDEZ Carne de yugo, ha nacido más humillado que bello, con el cuello perseguido por el yugo para el cuello. Nace, como la herramienta, a los golpes destinado, de una tierra descontenta y un insatisfecho arado. Entre estiércol puro y vivo de vacas, trae a la vida un alma color de olivo vieja ya y encallecida. Empieza a vivir, y empieza a morir de punta a punta levantando la corteza de su madre con la yunta. Empieza a sentir, y siente la vida como una guerra y a dar fatigosamente en los huesos de la tierra. Contar sus años no sabe, y ya sabe que el sudor es una corona grave de sal para el labrador. Trabaja, y mientras trabaja masculinamente serio, se unge de lluvia y se alhaja de carne de cementerio. A fuerza de golpes, fuerte, y a fuerza de sol, bruñido, con una ambición de muerte despedaza un pan reñido. Cada nuevo día es más raíz, menos criatura, que escucha bajo sus pies la voz de la sepultura. Y como raíz se hunde en la tierra lentamente para que la tierra inunde de paz y panes su frente. Me duele este niño hambriento como una grandiosa espina, y su vivir ceniciento revuelve mi alma de encina. Lo veo arar los rastrojos, y devorar un mendrugo, y declarar con los ojos que por qué es carne de yugo. Me da su arado en el pecho, y su vida en la garganta, y sufro viendo el barbecho tan grande bajo su planta. ¿Quién salvará a este chiquillo menor que un grano de avena? ¿De dónde saldrá el martillo verdugo de esta cadena? Que salga del corazón de los hombres jornaleros, que antes de ser hombres son y han sido niños yunteros. EL NIÑO YUNTERO - MOCEDADES https://www.youtube.com/watch?v=tudMLmAk9xY

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